Eustrés: el estrés positivo que mejora tu rendimiento y concentración
No todo estrés es enemigo: la ciencia explica por qué una parte de él puede ser tu mayor aliado para rendir más y enfrentar desafíos.

El eustrés y estrés positivo son conceptos que la ciencia lleva décadas estudiando, y la conclusión es clara: no todo estrés destruye, parte de él te impulsa. Mientras el mundo moderno —con sus presiones laborales, familiares y financieras— parece diseñado para agotarnos, los investigadores advierten que evitar el estrés a toda costa puede ser un error.
El término eustrés fue acuñado a mediados de los años 70 por el endocrinólogo húngaro Hans Selye para distinguir el estrés que motiva y mejora el rendimiento del que paraliza y enferma, al que llamó distrés. Según reportó BBC Mundo, la palabra "estrés" era originalmente neutra, pero con el tiempo adquirió una connotación casi exclusivamente negativa en el imaginario popular.
Dr. Jekyll vs. Mr. Hyde: así actúan en tu cerebro
Anne Laure Le Cunff, neurocientífica del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King's College de Londres, compara ambos tipos de estrés con los personajes del Dr. Jekyll y Mr. Hyde: Jekyll representa el eustrés —el lado positivo y controlado—, mientras que Hyde encarna el distrés, el lado destructivo.
La diferencia no es solo metafórica: es química. Cuando experimentas distrés, la amígdala se activa, el cuerpo libera cortisol y aparecen síntomas como taquicardia, respiración acelerada y tensión muscular. El cerebro entra en un estado de sobreexcitación que dificulta la concentración y el desempeño.
En cambio, el eustrés provoca la liberación de dopamina, el neurotransmisor del sistema de recompensa cerebral. "Esta liberación de dopamina potencia la concentración, la motivación y el impulso, agudizando las funciones cognitivas y permitiéndote afrontar los desafíos con mayor claridad y determinación", explicó Le Cunff en uno de sus videos de divulgación científica. El resultado: más productividad y más creatividad.
Todo depende de cómo lo percibes
La clave no está necesariamente en la situación, sino en cómo la interpretas. Sarah Williams, psicóloga del deporte y el rendimiento y profesora asociada de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, señaló a BBC Mundo que "si alguien percibe que el estrés le aporta beneficios, es probable que afronte una situación estresante de manera mucho más adaptativa".
Un ejemplo concreto: un atleta bajo la presión de una competencia real suele rendir mejor que en un entrenamiento sin apuestas. La presión, bien canalizada, saca lo mejor.
Williams también distingue entre percepción y valoración del estrés. La percepción está moldeada por la crianza, las experiencias pasadas y el entorno familiar. La valoración, en cambio, responde a preguntas más inmediatas: ¿qué tan exigente es esta situación? ¿Tengo los recursos para enfrentarla?
"Si percibimos que sí —si sentimos que tenemos lo necesario para responder a las demandas, aun cuando la situación sea muy exigente—, tenderemos a ver la situación como un desafío", explicó Williams. Si la respuesta es no, el resultado es sentirse amenazado y experimentar las consecuencias negativas del distrés.
Cómo entrenar al cerebro para convertir el estrés en aliado
La buena noticia: tanto la percepción como la valoración del estrés son maleables. No son rasgos fijos de personalidad.
Williams señala que la educación sobre el estrés —aprender concretamente cuáles son sus efectos positivos— puede producir cambios en un período de tiempo relativamente breve, aunque aún se investiga cuánto duran esos cambios a largo plazo.
Otra herramienta poderosa es la visualización. Williams pone el ejemplo de una entrevista de trabajo: imaginarte a ti mismo en esa situación, sintiendo los nervios y la adrenalina, pero desenvolviéndote con seguridad y control. "Esto puede entrenar al cerebro para asociar esas respuestas de estrés con resultados positivos", dijo la investigadora. Cuando llegue el momento real, el cerebro ya habrá "vivido" ese escenario y lo asociará con confianza, no con miedo.
El mensaje de fondo, según la ciencia citada por BBC Mundo, es directo: no necesitas eliminar el estrés de tu vida. Necesitas cambiar la forma en que te relacionas con él. La diferencia entre el eustrés y el estrés positivo que te empuja y el distrés que te hunde puede estar, en gran medida, en tu propia cabeza.



