Cuba pierde votos en la ONU mientras Washington aprieta
La Asamblea General debate hoy por 34.ª vez consecutiva el embargo a Cuba. De 187 votos a favor en 2024 a 165 en 2025, el respaldo internacional se desmorona en medio de la crisis más grave en décadas y un incidente sin precedentes en la tribuna.

Cuba pierde votos en la ONU cada año que pasa, y la 34.ª votación consecutiva sobre el embargo, celebrada este miércoles 28 de octubre en la Asamblea General, llegó envuelta en la tensión bilateral más alta en décadas. El propio presidente Miguel Díaz-Canel reconoció en su programa de radio que algunos países cambiarán su posición por miedo a represalias de Washington.
La jornada previa estuvo marcada por un momento que recorrió los medios del mundo. El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla se levantó de su asiento, golpeó la mesa con la palma y avanzó en dirección a la tribuna donde hablaba el embajador estadounidense Mike Waltz, cortándole la palabra. La propia ONU registró el episodio como una pausa en el debate; no hubo expulsión y las rondas regionales continuaron hasta retomar la votación el miércoles.
La respuesta de Waltz que dio la vuelta al mundo
Waltz no retrocedió. Su réplica quedó documentada por el organismo: "Retroceda. Esto no es La Habana. Retroceda. Esta es Naciones Unidas, no su dictadura comunista, señor ministro". La frase se viralizó de inmediato y reforzó la estrategia comunicacional de Washington: convertir el debate sobre sanciones en un debate sobre la élite que gobierna la isla.
Para eso, el embajador sacó fotografías en plena sala. En una, Fidel Castro llevaba dos relojes Rolex con un valor estimado en US$40,000. En otra, el propio Díaz-Canel portaba uno similar. "Según las propias estadísticas del régimen, eso pagaría 55 años de salario medio cubano", señaló Waltz, de acuerdo con la cobertura oficial de Naciones Unidas. El argumento de fondo: el problema no son las sanciones, sino quienes gobiernan.
La escalada que agravó la crisis en la isla
El contexto en que llega esta votación no tiene precedente reciente. A partir de enero de 2026, Washington respondió a la extradición del exmandatario venezolano Nicolás Maduro, ejecutada por fuerzas estadounidenses, con un paquete de medidas de gran alcance contra Cuba: un bloqueo petrolero prácticamente total y restricciones adicionales en los sectores financiero, de defensa, minero y privado. El efecto combinado se tradujo en apagones prolongados, desabasto de alimentos y una contracción económica profunda.
El presidente Donald Trump llegó a declarar que su país podría tener "el honor de tomar Cuba", mientras el secretario de Estado Marco Rubio instó públicamente a ciudadanos cubanos a cooperar con la inteligencia estadounidense. Ese es el clima político en que La Habana llegó a esta votación.
Díaz-Canel reconoce lo que las cifras ya mostraban
El mandatario cubano habló en la radio con una franqueza inusual. Describió la presión recibida como "la ofensiva diplomática y comunicacional más intensa como nunca antes" y admitió sin rodeos: "Hay personas que van a cambiar su voto porque están intimidadas por las presiones de Estados Unidos". Es un reconocimiento implícito de que el gobierno prevé un retroceso en el marcador, aunque no una derrota.
Su mensaje tuvo dos registros al mismo tiempo. Uno histórico y de resistencia: "El gobierno estadounidense deja claro que no renuncia a sus ambiciones de dominación sobre Cuba. Conviene recordar que los cubanos alcanzamos nuestra verdadera independencia el 1 de enero de 1959 y estamos decididos a defenderla". Otro de alarma: calificó la acusación formal contra la dirigencia cubana de "truco político" orientado a "justificar la locura de una agresión militar". La consigna elegida para movilizar al electorado interno, según el portal oficial del gobierno, fue: "La opción de la rendición no es la opción de Cuba".
Los números que cuentan lo que las declaraciones ocultan
La resolución que se debate cada año carece de fuerza jurídica vinculante; Washington no está obligado a modificar ni una política si pierde la votación. Su valor es estrictamente simbólico y diplomático. Y ese capital viene menguando a un ritmo que, como documenta el seguimiento de Diario Financiero al debate, ya no admite otra lectura.
En 2024, Cuba obtuvo 187 votos a favor, solo 2 en contra y 1 abstención. Un año después, en 2025, el apoyo bajó a 165 a favor, con 7 en contra y 12 abstenciones; entre los países que se sumaron al voto contrario aparecieron Argentina, Paraguay y Hungría junto a Estados Unidos e Israel, mientras Ecuador y Costa Rica optaron por abstenerse. El retroceso más llamativo llegó en julio de 2026 con una simple votación de procedimiento para adelantar el debate, sin alterar el texto de fondo: apenas 136 países la respaldaron, con 9 en contra y 30 abstenciones, y varios miembros de la Unión Europea entre los que declinaron apoyarla. Que una moción de agenda dividiera tanto al organismo fue la señal anticipada de que la jornada de octubre sería distinta a las anteriores.
Qué mirarán Washington y La Habana esta tarde
Waltz adelantó antes de la votación que el resultado de este 28 de octubre no sería igual al de ediciones pasadas. Todo indica que la resolución se aprobará de nuevo, pero esa no es la cifra que importa: lo que tanto Washington como La Habana escrutarán es el total exacto de votos a favor. Ese número, sea cual sea, trazará con más precisión que cualquier discurso hasta dónde ha llegado el desgaste diplomático de Cuba en los organismos multilaterales. La caída de 187 a 165 ya era elocuente. La distancia adicional que marque hoy completará el cuadro.



