Los que criticaban ayer no aguantan la crítica hoy
Una columna de opinión recuerda a los funcionarios del oficialismo que el escrutinio público no depende de quién ocupa el poder.

La crítica al poder no pierde legitimidad porque cambie quien está sentado en el despacho. Eso es lo que plantea una columna publicada por El Testigo, dirigida a los funcionarios del oficialismo que, según el texto, pasaron de críticos implacables a intolerantes apenas cruzaron la puerta del gobierno.
El argumento es simple y directo: los mismos que desde la oposición cuestionaban "hasta el último movimiento del Gobierno" hoy se sienten agraviados cuando alguien se atreve a hacerles lo mismo. La columna lo resume con ironía: "El aire acondicionado del despacho, el chofer y la yipeta negra tienen propiedades milagrosas para borrar la memoria".
La crítica no tiene ideología ni bando
El texto no hace distinción de partido ni señala nombres concretos, pero el mensaje es inequívoco: la democracia no funciona "según la comodidad del funcionario de turno". Si la crítica era necesaria ayer para señalar errores, conserva exactamente el mismo valor hoy.
La columna reconoce que no toda crítica es limpia. "Existen críticas financiadas, interesadas y hasta malintencionadas", dice el texto. Pero aclara de inmediato que ninguna de esas condiciones justifica despreciar el escrutinio público. La respuesta correcta, plantea el autor, es "con argumentos, resultados y, cuando corresponde, rectificaciones. No con arrogancia ni susceptibilidades de despacho".
Rendir cuentas es permanente, el poder no
La columna cierra con una advertencia que apunta directo a la cultura del poder en la región: "El poder es transitorio. La obligación de rendir cuentas, permanente". Y remata sin contemplaciones: quien no tenga la madurez para soportar la crítica debe "abandonar el despacho, entregar las llaves de la yipeta y buscar otro oficio".
El texto, publicado este martes 20 de octubre en El Testigo, no lleva firma visible en el material disponible, pero su tono editorial es el de quien conoce de cerca los tics del poder dominicano. La pregunta que queda abierta es si algún funcionario aludido tendrá la disposición de responder con los argumentos y resultados que el propio texto exige.


