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Mastitis en la lactancia: los síntomas, riesgos y errores que toda madre debe conocer

Un especialista de Médico Express explica cuándo la mastitis se vuelve peligrosa, por qué suspender la lactancia es un error y cómo tratarla a tiempo.

Por El Feed Actualidad · 10 de septiembre de 2026 · 3 min de lectura
Madre amamantando a su bebé recién nacido mientras sostiene su pecho con gesto de dolor, señal de posible mastitis
Madre amamantando a su bebé recién nacido mientras sostiene su pecho con gesto de dolor, señal de posible mastitis

La mastitis en la lactancia es una de las complicaciones más dolorosas e inesperadas que puede enfrentar una madre reciente, y muchas la minimizan hasta que ya tiene semanas encima. Según el doctor Francis Aquino, gineco-obstetra y subespecialista en oncología ginecológica de Médico Express, si no recibe atención oportuna puede derivar en un absceso mamario que requiere cirugía, o en casos poco frecuentes, en una infección generalizada.

La mastitis es una inflamación del tejido mamario que afecta principalmente a mujeres durante el período de lactancia, aunque también puede aparecer fuera de esa etapa. El origen más común es la acumulación de leche en los conductos mamarios cuando la mama no se vacía por completo, algo que puede ocurrir por tomas poco frecuentes, un agarre inadecuado del bebé o una producción excesiva de leche.

Cómo entran las bacterias y quiénes corren más riesgo

El doctor Aquino explica el mecanismo con claridad: «El estancamiento de la leche favorece la inflamación del tejido mamario. Si además existen grietas o pequeñas lesiones en el pezón, las bacterias, principalmente estafilococos, pueden ingresar y provocar una infección que requiere tratamiento médico».

Aunque la mayoría de los casos ocurre en las primeras semanas después del parto, la mastitis también puede presentarse en mujeres que no están amamantando. En ellas, la condición se asocia a infecciones por heridas o perforaciones en el pezón, lesiones cutáneas, obstrucción de los conductos mamarios por cambios hormonales, secreciones espesas o ectasia ductal.

Existen además factores que elevan el riesgo: tabaquismo, diabetes, sistema inmunológico debilitado, traumatismos en las mamas y el uso de sujetadores o prendas demasiado ajustadas.

Los síntomas que no debes ignorar

Los síntomas suelen aparecer de forma repentina y, por lo general, afectan una sola mama. Los más comunes incluyen dolor intenso, enrojecimiento, inflamación, aumento de la temperatura local y la presencia de una zona endurecida o un bulto doloroso. A esto se suman fiebre superior a los 38 grados Celsius, escalofríos, cansancio extremo, dolor de cabeza, náuseas y un malestar general similar al de una gripe.

El especialista advierte que ignorar estos signos tiene consecuencias serias. «Si no se trata oportunamente, la infección puede evolucionar hacia un absceso mamario que requiera drenaje quirúrgico. En situaciones poco frecuentes, las bacterias pueden diseminarse al torrente sanguíneo y provocar una sepsis, una complicación potencialmente grave», señala Aquino.

El error más común: suspender la lactancia

Uno de los errores que más cometen las madres con mastitis, según el doctor Aquino, es detener la lactancia por el dolor. Aunque las primeras succiones pueden ser intensas y punzantes, continuar amamantando favorece el vaciamiento de la mama y acelera la recuperación.

El tratamiento estándar incluye mantener tomas frecuentes, aplicar compresas tibias antes de amamantar, realizar masajes suaves para facilitar el flujo de la leche, descansar, hidratarse bien y usar analgésicos compatibles con la lactancia bajo prescripción médica. Cuando hay infección bacteriana confirmada, se agregan antibióticos, cuyos efectos suelen notarse entre las primeras 24 y 48 horas, aunque el esquema completo debe cumplirse según la indicación médica.

El impacto que va más allá del dolor físico

La mastitis en la lactancia no solo afecta el cuerpo: también golpea la salud emocional de la madre. El dolor, la fiebre y el agotamiento dificultan el descanso y el cuidado del recién nacido, mientras que el temor de no poder mantener la lactancia genera ansiedad, frustración y estrés. «Es una condición que afecta la salud física, emocional y familiar de la madre. Cuando obliga a suspender la lactancia antes de lo previsto, también puede generar un importante impacto psicológico», afirma el especialista.

Cómo prevenirla desde el primer día

El doctor Aquino recomienda asegurar un buen agarre y una posición correcta del bebé desde el inicio, amamantar a libre demanda procurando vaciar ambas mamas, alternar las posiciones durante las tomas, tratar de inmediato cualquier grieta o lesión en los pezones, evitar prendas que ejerzan presión y mantener hidratación, alimentación balanceada y descanso suficiente. El mensaje central es claro: ante los primeros síntomas, buscar atención médica sin esperar.

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