El crimen de Mamá Tingó sacude al campo dominicano 52 años después
Florinda Soriano Muñoz fue atacada el 1 de noviembre de 1974 en Hato Viejo, Yamasá, mientras defendía a cientos de familias campesinas frente al despojo de sus tierras.

Hoy domingo 1 de noviembre se cumplen exactamente 52 años del crimen de Mamá Tingó, la líder campesina cuyo sacrificio se convirtió en uno de los episodios más dolorosos y recordados de la lucha agraria en República Dominicana. Florinda Soriano Muñoz fue atacada a escopetazos en Hato Viejo, municipio de Yamasá, mientras intentaba recuperar sus propios cerdos, soltados por el capataz de un hacendado que llevaba meses presionando a los agricultores de la zona.
La historia de este 1 de noviembre de 1974 arrancó temprano y con aparente calma: Mamá Tingó había viajado ese día a Monte Plata para asistir a una audiencia judicial vinculada al conflicto por la tierra. La sesión fue aplazada porque el terrateniente Pablo Díaz Hernández no se presentó. De regreso a su hogar, le informaron que Ernesto Díaz, conocido como "Durín" y señalado como capataz del hacendado, había soltado sus animales. Según versiones históricas recogidas de sus familiares, la dirigente salió a buscarlos y fue atacada desde una posición oculta. Intentó defenderse con un machete, pero un segundo disparo le quitó la vida.
La tierra que valía más que la ley
El conflicto que costó la vida a Mamá Tingó no surgió de la noche a la mañana. Decenas de familias campesinas sostenían haber trabajado esos terrenos durante más de medio siglo. El problema se agudizó cuando Díaz Hernández cercó aproximadamente 8,000 tareas con alambres de púas y, según denuncias de la época, envió hombres armados y utilizó tractores para destruir las cosechas de los agricultores.
Florinda Soriano Muñoz era parte de la Federación de Ligas Agrarias Cristianas (FEDELAC) y se había convertido en una de las principales voces de esa comunidad. Su liderazgo no era simbólico: organizaba, resistía y acudía a los tribunales. Representaba a gente cuyo único sustento era la agricultura, y eso la ponía en la primera línea de un enfrentamiento desigual entre campesinos y un poderoso terrateniente.
Un crimen en tiempos de Balaguer
El asesinato de Mamá Tingó se produjo durante los llamados "doce años" de Joaquín Balaguer, el período comprendido entre 1966 y 1978, marcado por denuncias de represión contra organizaciones populares y dirigentes campesinos. Las disputas por la propiedad agraria eran, en ese contexto, uno de los conflictos más explosivos del campo dominicano. La muerte de Florinda pasó a simbolizar, para generaciones posteriores, la violencia estructural que enfrentaban quienes se atrevían a defender su pedazo de tierra.
Como informó De Último Minuto, el crimen generó una indignación que trascendió su época y quedó grabado en la memoria colectiva de los sectores rurales del país.
52 años y el legado sigue vivo
A más de cinco décadas de su muerte, el nombre de Mamá Tingó sigue siendo invocado por movimientos campesinos, organizaciones sociales y expresiones culturales que mantienen viva su historia. Cada 1 de noviembre, su caso regresa al centro del debate sobre el acceso a la tierra, la justicia agraria y la dignidad de las familias rurales dominicanas.
Su figura no pertenece solo al pasado: es un espejo en el que todavía se miran quienes enfrentan el despojo, la desigualdad y la impunidad en el campo. El sacrificio de una mujer que salió a buscar sus cerdos y terminó cambiando la historia sigue siendo, 52 años después, una deuda pendiente con la justicia social dominicana.



