Nicaragua no puede salir del Parlacen tan fácilmente
El tratado constitutivo del organismo regional no tiene cláusula de denuncia explícita, por lo que la salida unilateral anunciada por el régimen de Ortega no tiene efecto automático.

La salida del Parlacen que anunció Nicaragua el 3 de octubre de 2026 choca contra un muro legal: el Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano no contempla el retiro unilateral de ningún Estado miembro, y cualquier solicitud tendría que ser evaluada y aprobada por la Cumbre de Presidentes del SICA. Así lo advirtieron este jueves legisladores del organismo a la agencia EFE, desde Ciudad de Guatemala.
La notificación fue enviada por la Cancillería nicaragüense a la Junta Directiva del Parlacen argumentando que el Gobierno codirigido por Daniel Ortega y Rosario Murillo decidió, "en ejercicio pleno de su soberanía", denunciar el Tratado Constitutivo "con efecto inmediato". El problema: el tratado no lo permite.
El tratado "deja amarrados" a los países miembros
La diputada guatemalteca Karla Gutiérrez, presidenta del Parlacen, fue directa: el texto fundador no prevé el retiro unilateral y la acción de Managua no produce efectos automáticos. Su colega, el diputado guatemalteco Carlos Barreda, explicó con más detalle las complejidades que bloquean una separación rápida.
"Hay complicaciones por la forma en que se hizo el tratado constitutivo, que prácticamente deja amarrados a los países al Parlamento Centroamericano", dijo Barreda a EFE. "Por eso entiendo que El Salvador lo que hizo fue eliminar un artículo de su constitución para ya no elegir diputados, pero no se retira del Parlacen porque no puede", agregó.
El Parlacen está integrado actualmente por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana. Costa Rica es el único país del istmo que nunca se adhirió al bloque.
Una institución cuestionada por dentro y por fuera
La salida del Parlacen no es un reclamo exclusivo de Nicaragua. Panamá lo intentó en 2009 y El Salvador lo intentó en 2025, argumentando que el organismo es inoperante y costoso. En Panamá se llegó al extremo de calificarlo de "cueva de ladrones", señalando que la inmunidad que ofrece a sus diputados ha bloqueado procesos judiciales en ese país.
El Parlacen emite resoluciones y dictámenes consultivos que no son vinculantes para los Estados miembros, lo que alimenta la crítica sobre su poca utilidad práctica.
Crisis institucional de fondo
Más allá del nudo legal, Gutiérrez y Barreda ven en la intención de Nicaragua un síntoma de la crisis política más profunda que atraviesa el bloque regional. Para Barreda, la postura de Ortega y Murillo responde a su creciente aislamiento internacional, luego de ser cuestionados por violaciones a los derechos humanos, suspensión de elecciones y persecución de opositores.
La situación se agrava porque el SICA lleva años sin secretaría ejecutiva y la Corte Centroamericana de Justicia está desintegrada. La salida anunciada por Nicaragua, junto con los casos de El Salvador, debilita aún más el diálogo diplomático regional.
El SICA fue creado el 13 de diciembre de 1991 mediante el Protocolo de Tegucigalpa, como mecanismo para consolidar la paz tras las guerras civiles que sacudieron la región en las décadas de 1970 y 1980. Además del Parlacen, engloba al Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA) y los Consejos de Ministros regionales.
¿Qué sigue?
Barreda fue enfático en su llamado a reformar el organismo: "Ojalá que el espíritu de los grandes integracionistas recorra nuevamente la región para insertarnos en el mundo de manera unificada, porque así somos más fuertes; pero si instituciones como el Parlacen no se reforman, no tienen futuro", concluyó.
Por ahora, la declaración de Nicaragua queda en el limbo jurídico. Sin una decisión de la Cumbre de Presidentes del SICA, Managua sigue siendo, en papel, miembro del organismo que quiere abandonar.



