Una madre de Santo Domingo Norte espera el diagnóstico de su hija mientras lucha sola contra todo
Angelina de la Cruz, de 28 años, cuida a su hija Ashley (que puede estar dentro del espectro autista y tiene una hernia pendiente de cirugía) sin empleo fijo, con epilepsia sin tratar y sin apoyo suficiente.

Una madre de 28 años en Santo Domingo Norte lleva años esperando el diagnóstico de su hija de cinco años mientras enfrenta, al mismo tiempo, su propia enfermedad, la pobreza y el agotamiento de cuidar sola a dos niñas pequeñas. La historia de Angelina de la Cruz es la que muchas familias dominicanas viven en silencio.
Ashley, la mayor de sus dos hijas, no habla. Desde pequeña comenzó a mostrar conductas que llevaron a su madre a sospechar que podría estar dentro del espectro autista: estallidos de llanto, rechazo al contacto físico con otros niños y dificultad para comunicarse. Angelina la ha llevado al Hospital Hugo Mendoza, a la consulta de "donde Angelita" y finalmente al Centro de Atención al Envejeciente (CAE), donde ya le realizaron las pruebas. Ahora espera en una lista de espera para conocer el resultado.
"Ella estallaba, se tiraba en el piso, empujaba a los niños, no quería que los niños la abrazaran. Yo decía: ¿qué le pasa a mi niña? Porque ella no habla, y yo no sabía cómo entenderla", relató de la Cruz ante las cámaras de De Último Minuto.
Ashley también enfrenta una hernia sin fecha de cirugía
La espera por el diagnóstico no es la única batalla. Ashley tiene una hernia en su zona íntima que requiere cirugía, pero la operación aún no tiene fecha. El problema se agrava porque la niña no puede comunicar verbalmente cuándo siente dolor. Su madre aprendió a interpretarla a través de señales físicas: "cuando ella llora se le abre más la hernia, le duele la barriga, ella solo me enseña que le duele allá abajo", explicó.
A esto se suma otro riesgo cotidiano: Ashley puede tomar las llaves de la casa y salir corriendo en cuanto encuentra una puerta abierta. "Los otros días se me fue corriendo. Gracias a Dios que hay vecinos que me ayudan agarrándola", contó Angelina.
La madre, con epilepsia y sin medicamentos desde hace dos meses
Mientras cuida a Ashley, Angelina también padece epilepsia y lleva aproximadamente dos meses sin tomar sus medicamentos. El miedo a sufrir una crisis y no poder estar junto a sus hijas la persigue cada día.
"Yo cuando dejo de tomar la pastilla caigo de nuevo, pensando en la situación, preocupada de que tengo que buscar el colegio de ella porque no puedo dejar que ella no vaya al colegio. Ella está en una guardería", dijo.
Sin empleo fijo, Angelina limpia casas cuando consigue trabajo. La necesidad de cuidar a Ashley de forma constante le impide mantener una ocupación estable y avanzar en la construcción de una pequeña vivienda que su padre comenzó a levantar detrás de la casa de su madre, proyecto que permanece inconcluso.
El peso emocional que nadie ve
La carga emocional ha llegado a un punto crítico. Angelina reconoció ante las cámaras que en ocasiones ha expresado pensamientos de no querer seguir: "A veces siempre digo que me quiero matar, mejor siempre lo digo, como nadie me ayuda."
Sus palabras revelan el nivel de agotamiento de una madre que no recibe el apoyo institucional ni comunitario que necesita. "La carga emocional es muy fuerte, a veces la gente no entiende lo que yo paso y solo me dicen: a ti te gusta solo estar pidiendo. Si no tengo ayuda, ¿cómo lo hago? La única ayuda que recibo a veces es de mi hermana mayor", expresó.
La historia de Angelina y Ashley expone una realidad que el sistema de salud pública dominicano todavía enfrenta con recursos limitados: familias que esperan meses por un diagnóstico para sus hijos mientras las listas de espera crecen y el apoyo social no llega. Mientras el diagnóstico de su hija no llega, esta madre de Santo Domingo Norte sigue adelante con lo poco que tiene.



