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Central Romana: la transformación que comenzó en 1967, no con los Fanjul

Un análisis histórico corrige el registro: la revolución empresarial del Central Romana arrancó bajo Gulf + Western y Balaguer, casi dos décadas antes de que los Fanjul compraran la empresa.

Por El Feed Negocios · 6 de agosto de 2026 · 4 min de lectura
Instalaciones del Central Romana en La Romana, República Dominicana, con campos de caña de azúcar al fondo
Instalaciones del Central Romana en La Romana, República Dominicana, con campos de caña de azúcar al fondo

La muerte de Alfonso "Alfy" Fanjul reabre uno de los capítulos más importantes de la historia empresarial dominicana — y también obliga a corregir una simplificación que se ha repetido durante años: la idea de que la transformación del Central Romana comenzó en 1984, cuando los hermanos Fanjul adquirieron la empresa.

Según un análisis publicado por el historiador Víctor Manuel Grimaldi Céspedes en El Nuevo Diario, esa transformación comenzó diecisiete años antes, en 1967, y fue el producto de la convergencia de una visión empresarial extraordinaria, una estrategia geopolítica de la Guerra Fría y el talento de un brillante equipo de ejecutivos dominicanos.

Bluhdorn, Balaguer y el punto de inflexión de 1967

Todo arrancó cuando Charles G. Bluhdorn, presidente de Gulf + Western Industries, adquirió la South Puerto Rico Sugar Company, propietaria del Central Romana. No fue simplemente la compra de un ingenio azucarero: fue el inicio de un proyecto de desarrollo regional concebido con una amplitud poco común para la época.

La República Dominicana acababa de salir de la guerra civil de 1965 y de la intervención militar estadounidense. El país necesitaba estabilidad política, reconstrucción económica e inversiones capaces de generar empleo, confianza y crecimiento. En ese vacío convergieron dos visiones de Estado.

El presidente Joaquín Balaguer entendía que la reconstrucción nacional exigía atraer grandes inversiones productivas. Al mismo tiempo, el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson impulsaba una política hemisférica que combinaba seguridad y desarrollo económico dentro del marco de la Guerra Fría, frente a la Unión Soviética y su principal aliado en el Caribe: Fidel Castro.

La reunión secreta de Punta del Este

Un episodio poco conocido ilustra esa convergencia. En abril de 1967, Balaguer viajó a la Cumbre de Presidentes de América celebrada en Punta del Este, Uruguay, apenas semanas después del atentado del 21 de marzo contra el general Antonio Imbert Barrera. El país seguía viviendo las secuelas de una profunda crisis política y militar.

El 11 de abril de ese año, Balaguer sostuvo una reunión privada con Johnson. Los memorandos oficiales de aquella conversación — hoy desclasificados — muestran que ambos examinaron la recuperación política y económica de la República Dominicana, la cuota azucarera, proyectos de infraestructura como la presa de Valdesia, programas de vivienda e inversiones estratégicas. Dentro de ese contexto se abordaron también las garantías relacionadas con la inversión en el Central Romana.

"Aquella conversación refleja que el proyecto trascendía el ámbito puramente empresarial y formaba parte de una visión más amplia destinada a estabilizar y modernizar la economía dominicana después de la crisis de 1965", señala Grimaldi Céspedes.

El Congreso de EE.UU. como testigo documental

La prueba histórica no queda solo en los memorandos. En las audiencias del Congreso estadounidense tituladas Investigation of Conglomerate Corporations, celebradas en 1969, Gulf + Western explicó ante la Cámara de Representantes que la South Puerto Rico Sugar Company estaba siendo reorganizada para dejar de depender exclusivamente del azúcar e incorporar nuevas actividades agrícolas, pecuarias e industriales — apenas dos años después de la adquisición.

El propio Bluhdorn explicó posteriormente, en una conversación con el presidente Richard Nixon, que Gulf + Western había decidido invertir en la República Dominicana en los años posteriores a la crisis de 1965, cuando el gobierno de Johnson buscaba consolidar la estabilidad del país mediante la recuperación económica y la inversión privada.

Los dominicanos que construyeron la nueva Central Romana

Ningún gran proyecto se construye únicamente con capital y respaldo político. Desde finales de la década de 1960, figuras como Carlos Morales Troncoso, Ramón A. Menéndez y Eduardo Martínez Lima — junto a numerosos técnicos, ingenieros, administradores y ejecutivos dominicanos — dirigieron la modernización administrativa, agrícola, industrial y financiera del Central Romana.

Fue durante esa etapa cuando nació la Zona Franca de La Romana, se desarrollaron Casa de Campo y posteriormente Altos de Chavón, se expandió la actividad ganadera y se ejecutó una política sistemática de diversificación que convirtió al Central Romana en mucho más que un ingenio azucarero. Bluhdorn comprendió antes que muchos empresarios de su generación que el futuro económico del país no podía descansar solo sobre el azúcar.

Lo que los Fanjul heredaron — y lo que aportaron

Cuando en 1984 Alfonso y José "Pepe" Fanjul adquirieron el Central Romana, lo hicieron junto a Morales Troncoso, Menéndez y Martínez Lima. No recibieron una empresa atrasada ni limitada a la producción azucarera: recibieron una organización moderna, eficiente, diversificada y sólidamente administrada, construida durante casi dos décadas.

Ese hecho no disminuye el mérito de los hermanos Fanjul. Su gran aporte consistió en preservar aquella visión, ampliarla, fortalecerla y proyectarla durante los cuarenta años siguientes. Bajo su liderazgo, Central Romana consolidó su posición como uno de los grupos empresariales más importantes del Caribe, fortaleció su liderazgo en turismo, agroindustria y producción azucarera, y continuó siendo uno de los principales empleadores privados y contribuyentes de la República Dominicana.

La historia completa, sin simplificaciones

"Las grandes transformaciones históricas rara vez son obra de una sola persona", concluye Grimaldi Céspedes. En el caso del Central Romana confluyeron la visión empresarial de Bluhdorn, la estrategia de reconstrucción nacional de Balaguer, el respaldo político de la administración Johnson y el talento de un extraordinario equipo de profesionales dominicanos.

Los hermanos Fanjul heredaron ese proyecto, lo consolidaron y lo proyectaron con éxito durante cuatro décadas. Esa continuidad — y no la ruptura — explica una de las mayores realizaciones empresariales de la República Dominicana contemporánea.

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