800,000 personas toman las calles de Francia contra el alto costo de la vida
Sindicatos, estudiantes, agricultores y los "chalecos amarillos" se unieron en 110 manifestaciones. Hubo 400 detenidos, un joven perdió una mano y varios edificios públicos fueron incendiados.

Hasta 800,000 personas salieron este sábado 17 de octubre a las calles de Francia para protestar contra el alto costo de la vida, el encarecimiento de los combustibles y el deterioro de los servicios públicos, según las organizaciones convocantes. El Ministerio del Interior, por su parte, estimó la participación en 550,000 personas distribuidas en 110 manifestaciones a lo largo de todo el territorio francés.
La movilización reunió a un bloque social amplio: estudiantes, trabajadores, sindicatos, agricultores, jubilados y simpatizantes del movimiento de los "chalecos amarillos". Fue una de las jornadas de protesta más masivas que ha vivido Francia en años recientes.
Gasolina, energía y alimentos, los detonantes
Las manifestaciones brotaron del descontento acumulado por el encarecimiento de la gasolina, la energía y los alimentos, pero también por las condiciones de los centros educativos y la escasez de recursos en los servicios públicos. El movimiento estudiantil venía protagonizando protestas y bloqueos de planteles desde septiembre, y este sábado sumó el respaldo masivo de los sindicatos y otros sectores.
La Confederación General del Trabajo (CGT), uno de los principales sindicatos franceses, elevó su estimación inicial de 500,000 participantes hasta alinearse con el balance de 800,000 difundido por los organizadores. El sindicato reclamó mejores salarios y pensiones, una reducción de precios y la protección de los servicios públicos. La jornada también recuperó símbolos y consignas de los "chalecos amarillos", el movimiento que nació en 2018 contra las desigualdades sociales y las políticas económicas del gobierno.
Enfrentamientos, detenciones e incendios en varias ciudades
Aunque muchas concentraciones transcurrieron en calma, los incidentes violentos marcaron la jornada en distintos puntos del país. En París, la Policía utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a grupos que lanzaban objetos y fuegos artificiales. También se reportaron daños a comercios y vehículos.
La violencia escaló más allá de la capital: en Limoges, el ayuntamiento fue incendiado; en Lyon, el fuego afectó una oficina de turismo; en Marsella, manifestantes ingresaron al vestíbulo de la sede municipal. Se registraron incidentes similares en Burdeos y Lille.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó de alrededor de 400 detenciones en todo el país, en su mayoría adultos. El caso más grave se produjo en Saint-Étienne, donde un joven manifestante perdió una mano durante los enfrentamientos. Las autoridades anunciaron una investigación, mientras arreciaban las críticas al uso de armas antidisturbios por parte de la Policía.
Macron condena los actos violentos
El presidente Emmanuel Macron condenó públicamente los actos vandálicos y advirtió que quienes atacaran edificios públicos y comercios serían procesados. Sin embargo, el ministro Nuñez confirmó que unas 110,000 personas se concentraron solo en París, lo que refleja la magnitud del descontento social.
Las protestas se producen en un contexto de creciente tensión política, con las elecciones presidenciales francesas previstas para 2027 ya en el horizonte. La pregunta que queda abierta es si el gobierno de Macron presentará respuestas concretas a los reclamos de salarios, pensiones y precios antes de que la presión en las calles escale aún más.



