Abinader toma la presidencia del PRM y sube su oxígeno político
Al asumir directamente la dirección de su partido, el presidente rompió el vacío de poder interno y declaró que la carrera sucesoral sigue abierta: ni Carolina Mejía ni David Collado tienen su favor.

Luis Abinader se hizo cargo directamente de la presidencia del PRM este fin de semana (18 y 19 de octubre) y con ese movimiento cortó en seco la carrera de herederos que había estallado dentro de su partido desde que anunció que no buscaría un tercer mandato. El gesto, según el análisis publicado por De Último Minuto, no fue solo organizativo: fue una inyección de oxígeno político para un presidente que muchos ya daban por espectador de su propia sucesión.
La silla vacía que desató el caos perremeísta
El problema comenzó antes de que arrancara su segundo cuatrienio. Desde que Abinader dejó claro que no modificaría las reglas constitucionales para quedarse, el PRM se convirtió en un tablero con todas las piezas en movimiento y sin nadie que dirigiera la orquesta. "Cada quien sacó su escalera, buscó su grupo, organizó sus tropas y comenzó a calcular dónde aterrizaría cuando el padre de la criatura abandonara la silla", describe el análisis. Los llamados a la unidad y la disciplina fueron, en más de una ocasión, ignorados olímpicamente.
Fue entonces cuando Abinader tocó la tecla más sensible de la política dominicana: los cargos públicos. Desafiar al presidente en una reunión política es una cosa; hacerlo mientras se ocupa una silla del Estado es otra muy distinta. Eso, apunta el análisis, fue suficiente para que más de uno "comenzara a sentar cabeza".
Lo que dijo en el discurso y lo que significa
En su alocución ante el partido, Abinader lanzó tres mensajes que, según el análisis, "parecieron perderse entre los aplausos". Primero: en el PRM habrá competencia y democracia interna, lo que traduce que nadie debe ir preparando coronaciones. Segundo: no tiene candidato ni candidata favorita, y citó explícitamente que ni Carolina Mejía ni David Collado, los dos nombres que más circulan hoy en las conversaciones políticas, cuentan con su preferencia declarada. Tercero, y quizás el más estratégico: no pretende imponer un candidato ni fabricar un consenso a la medida de nadie.
Ese tercer punto cambia el tablero de forma inmediata. Al negarse a cerrar la sucesión con "un acuerdo previamente empacado, sellado y entregado en la puerta del partido", Abinader logra que todos los aspirantes sigan necesitando hablar con él. Nadie puede declararse heredero oficial. "¡Subió la libra de Abinader!", sentencia el análisis.
El poder que todavía queda en esa silla
Asumir la presidencia del PRM le devuelve a Abinader una palanca concreta en un momento en que su liderazgo parecía desgastado. En la política dominicana, tener el respaldo, explícito o silencioso, del presidente en funciones sigue siendo una de las inversiones más rentables del mercado. "El Estado pisa y pesa", resume el análisis con cuatro palabras.
El análisis reconoce, sin embargo, que durante su gestión Abinader quizás no dedicó suficiente tiempo a fortalecer las bases partidarias ni a construir la estructura interna sólida que exige renunciar voluntariamente a la reelección. Aun así, su historial de cumplir promesas que le costaban políticamente, incluida la de no buscar el tercer mandato, le concede el beneficio de la duda sobre si su neutralidad en la sucesión es genuina o puro cálculo.
La pregunta que queda abierta
Varios cuadros del partido llevan tiempo dando tumbos entre proyectos presidenciales: algunos escogieron temprano, otros apostaron, otros intentan tener un pie en cada bote. Abinader, que muchos ya imaginaban observando la pelea desde la orilla, acaba de meter las manos dentro del juego otra vez.
La interrogante es cuánto tiempo podrá sostener ese equilibrio sin quemarse. La batalla por el futuro del PRM ya comenzó, y la presidencia del PRM que acaba de asumir le da instrumentos reales para arbitrarla, aunque no garantiza el resultado final.



