Gaza inicia año escolar en tiendas de campaña tras destruir el 85% de sus escuelas
Decenas de miles de niños gazan vuelven a clases este sábado 19 de septiembre sentados en colchonetas, sin mesas ni sillas, en carpas que sustituyen a las aulas arrasadas por tres años de bombardeos.

El año escolar en Gaza arrancó este sábado 19 de septiembre bajo condiciones que difícilmente se pueden llamar escuelas: tiendas de campaña improvisadas, colchonetas en el suelo y sin un solo pupitre a la vista. Es el cuarto curso consecutivo marcado por la guerra, y el sistema educativo de la Franja llega a él con el 85% de sus centros dañados o destruidos.
"Alrededor del 85% de nuestras escuelas han sufrido daños. Solo en la Gobernación Central, que está entre las menos afectadas, perdimos por completo 13 de nuestros 30 centros", explicó a EFE Mohamed Hamdán, director de Educación de la Gobernación de Deir al Balah, desde su oficina en Nuseirat, en el centro de la Franja.
Clases bajo el sol, sin mesas ni sillas
El Ministerio de Educación palestino retrasó el inicio del curso escolar hasta este sábado precisamente por las temperaturas extremas que se acumulan dentro de las carpas. Aun así, maestros y alumnos no tienen alternativa: las instalaciones destruidas no se han reconstruido y las aulas móviles prometidas nunca llegaron.
En un campamento de refugiados en Nuseirat, los alumnos ensayaron días antes cómo sería recibir clase sentados en colchonetas, en espacios reducidos donde apenas caben. Ali Yihad al Durra, profesor de matemáticas, lo describió sin rodeos: "Estos lugares no están acondicionados para estudiar. La instalación de escuelas móviles nos habría ahorrado mucho esfuerzo y molestias. Estas tiendas de campaña no tienen espacio siquiera para que los alumnos se sienten".
Tres años perdidos, sueños en pausa
Las propias estudiantes ponen rostro al colapso educativo. Razán al Nayi, desplazada del norte de Gaza y con aspiraciones de ser cirujana, describió su realidad: "Estos tres años de guerra han sido muy duros porque no he podido ir a clase de forma regular; íbamos de un sitio a otro, sin un lugar fijo donde estudiar. Ahora estudiamos en tiendas de campaña, sin mesas ni sillas; nos sentamos en el suelo durante muchas horas".
El testimonio de Haya Tafesh, alumna de último curso de secundaria, es aún más contundente. "Llevamos tres años sin que nos hayan enseñado nada y no entiendo nada de lo que se imparte", admitió. Su sueño era ejercer el periodismo. "Por desgracia, el sueño no se cumplirá porque no he ido a clase en tres años. No entiendo nada: ni inglés, ni matemáticas, ni nada", reconoció.
El conflicto que arrancó en octubre de 2023 ha cobrado un precio altísimo entre la infancia gazatí. Según el recuento del Ministerio de Sanidad de Gaza, el Ejército israelí ha matado al menos a 21,289 adolescentes y niños, y herido a otros 44,500 más en estos tres años, en medio de lo que el texto de EFE describe como un "presunto alto el fuego" que no ha detenido las muertes diarias.
Mochilas a precio de oro, familias sin dinero
El regreso al año escolar en Gaza también golpea el bolsillo de las familias. En los mercados de Jan Yunis, en el sur de la Franja, los precios del material escolar se dispararon mientras el poder adquisitivo se desplomó. Ahmed Ashraf al Qarnawi, dueño de una papelería y padre de tres hijos, lo ilustró con números concretos: "Antes de la guerra, una mochila costaba 10 séqueles (equivalentes a unos 2.80 euros) y las comprábamos de dos en dos. Hoy llegan a 80 séqueles (22.70 euros). Un cuaderno que costaba un séquel o medio; hoy son diez".
Algunos comerciantes han tenido que instalar puestos improvisados frente a sus locales destruidos para poder seguir operando. Maysa Abu Taha, madre de dos niños que comenzarán primer curso y preescolar, resumió la angustia de miles de familias: "Los precios son desorbitados. Para quien tiene un hijo es difícil, pero para quien tiene dos o tres es imposible".
Qué sigue
El Ministerio de Educación palestino puso en marcha un programa educativo-lúdico para intentar compensar el enorme déficit acumulado durante la guerra, aunque los propios maestros admiten que las condiciones actuales lo hacen casi inviable. Con la infraestructura escolar destruida en su mayoría y sin señales claras de reconstrucción inmediata, la pregunta que queda abierta es cuántos de estos niños y niñas podrán sostener el curso completo sentados en el suelo de una carpa.



